Las Noticias

Una experiencia de desierto

Cuaresma es, pues, sin duda, una experiencia de desierto. No es que la comunidad cristiana deba desplazarse a un lugar geográfico especial para vivir esta experiencia. Cuando aquí hablo de desierto, más que a un emplazamiento geográfico, me estoy refiriendo a un tiempo privilegiado, a un tiempo de gracia. Porque la experiencia de desierto es siempre un don de Dios. Es siempre él quien conduce al desierto. Fue él también quien condujo a Israel al desierto por medio de Moisés, y quien condujo a jesús por medio del Espíritu. Este mismo Espíritu es quien convoca a la comunidad cristiana y la anima a emprender el camino cuaresmal. El desierto es un lugar hostil, lleno de dificultades y de obstáculos. Por eso la experiencia de desierto anima a los creyentes a la lucha, al combate espiritual, al enfrentamiento con la propia realidad de miseria y de pecado.
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Miércoles de ceniza

Jesús en el evangelio nos da pistas seguras para empezar a celebrar la nueva Cuaresma de este año. Nos habla de tres maneras de actuar, o tres medios que nos ayuden en este camino hacia la Pascua de Resurrección: la limosna, el ayuno y la oración. Al hablar del ayuno, no podemos circunscribirnos a la privación de alimentos en ciertos días. El ayuno es más amplio e importante que eso. Se trata de privarse y prescindir de aquello que no está en línea con las orientaciones y exigencias que marca el evangelio, potenciando en nuestra vida aquello es voluntad de Dios, especialmente el ejercicio de la caridad, la personalización de la fe, viviendo con mayor intensidad la virtud de la esperanza cristiana. La limosna ha sido siempre una expresión concreta del amor al prójimo. Siempre ha sido un ejercicio cristiano. Pero en los tiempos que corremos, de paro laboral generalizado, la urgencia es mayor. Cuando la pobreza aumenta, el compartir se hace más necesario. Y finalmente, la oración. Alguien ha definido la oración como “la respiración del alma”. Nadie puede vivir sin respirar. Así mismo, ningún cristiano puede llevar una vida cristiana de calidad, si no reza. Tal vez, la falta de oración sea una de las mayores causas, en una buena parte de cristianos, de la indiferencia y de la falta de coherencia en su vida.
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