Cuentos y oraciones

“BAJO SU MIRADA EN EL AMOR”

Parabola  del  arco iris

En las cercanías de un pueblo, brotaba con sosiego una fuente generosa de donde la gente sacaba, cada mañana, el agua indispensable para las faenas diarias. 

En su carrera alegre, cruzando bosques y valles, un arroyo regaba gratuitamente campos y jardines.

Por su belleza, su calma y su profundidad, un lago, escondido entre montañas y pinos,  atraía a poetas, pintores y familias.

Un río poderoso llevaba valientemente los barcos y sus cargas; la fuerza y rapidez de su corriente accionaban las turbinas de una central hidroeléctrica.

De todas sus olas, acogían los dones de su Creador y los compartían graciosamente con los demás. Como si estuvieran dando gracias, miles de estrellas resplandecían en sus rostros.

Sin embargo, en algunos días claroscuros y de sequía, las aguas se hacían tristes por su carencia y fragilidad.

Cada día, Dios se inclinaba para admirar a sus obras. Quería tanto que fueran felices.

Es por ello que una mañana, la fuente, el arroyo, el lago y el río recibieron una misma invitación: “Al despuntar el alba del domingo, te espero en mi casa.” firma: tu Padre.

Revestieron entonces sus más bellos colores.

A pesar de la acogida cariñosa del Creador, se percibía un malestar frente al desconocido, a la diferencia del otro. Animados por Dios a compartir sus vivencias, sus sueños y aun sus miedos y dificultades, se dieron cuenta que en todas partes occurían días de sol y otros de tempestad a veces violenta. Poco a poco las diferencias, que a primera vista parecían dividirlos e incluso oponerlos, llegaban a ser una fuerza y una riqueza. Este descubrimiento les permitió apreciar mejor su propio color. Cada uno se maravillaba de la belleza del otro. Juntos se descubrían diferentes pero también muy parecidos.

Sentían nacer un inmenso deseo de comunión. Atentos al más pequeño signo de vida, encontraron en ellos mismos un lugar donde la presencia amorosa de su Padre podía unirlos más allá de sus diferencias. Más ricos y más grandes por la solidaridad que habían comenzado a construir, disfrutaban del gozo de vivir juntos  “Bajo su mirada en el Amor.”

Entonces Dios se retiró un momento para preparar el acta del encuentro.

En un gesto de amor reunió los colores de sus criaturas:

el amarillo generoso y sabio de la fuente,

el anaranjado alegre y gratuito del arroyo,

el rojo fuerte y valiente del río.

el azul tranquilo y profundo del lago,

Puso también el verde de su esperanza y el índigo de su compartir 

así que el violeta de sus penas y dificultades.

Cuando regresó, extendió los brazos y de sus manos, brotó un magnífico arco iris.

Quedaron asombrados por tanta belleza. Poco a poco cada uno descubrió su color en el arco colorado y comprendió que un solo color no basta para que sea un arco iris. 

Lo que crecía en ellos era tan fuerte, tan grande, demasiado grande y fuerte para conservarlo egoistamente como un tesoro. De común acuerdo, Dios y sus criaturas concluyeron una alianza que sería para siempre testimonio del lazo de amor que los unía.

Sabían que en adelante sus aguas no dejarían de cantar la acción de gracias hasta los confines del mundo.

Arriesgándolo todo, tenían que salir y entregar este regalo que era también una misión.

“De todas tribus, lenguas, pueblos y naciones”, 

Dios quería reunir a una gran familia en la paz y en le amor.