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Du 2018-06-28 au 2018-07-27

HÁBLAME DE DIOS CON TU VIDA

Pero justamente, ¿qué es lo que constituye esta interpelante manera de vivir nuestra peregrinación en la tierra y a qué llamamos vida religiosa? Es una ofrenda total de su vida a Dios, compromiso que bien se podría resumir así : “Me entrego a Dios”. Es pues una profundización del compromiso bautismal. Este radicalismo se traduce en una visión especial en lo referente a los bienes, al amor y especialmente al poder y  a la libertad.

La vida religiosa es una forma de vida donde las personas optan por una vida comunitaria sencilla, usan los bienes en interdependencia y testimonian claramente con su vida que Dios es su tesoro, que los bienes están al servicio del compartir, que viven estrechamente unidos a sus hermanos y hermanas del mundo. Es también una escuela para el aprendizaje al amor. Renunciamos a lo que muchas personas  consideran como la cumbre de la experiencia humana en el amor. Sin embargo, cuando recordamos a ciertas personas que han sabido amar, como por ejemplo Delia Tétreault, las dos Margarita del Canadá, los mártires canadienses, Emilie Gamelin, el buen padre Fredérico, Esther Blondin, el hermano Andrés, nos convencemos de que amar, en el celibato consagrado, no significa amar menos. Dichas personas y muchas otras más que viven con nosotros han manifestado un gran amor a Dios y un gran amor a sus hermanos y eso hasta el final de su vida. Extraña quizás pero es verdad, esa escuela de amor y de compartir de la vida religiosa permite también un aprendizaje especial de la vida con  toda libertad y  comunión. Todo ser humano detiene un cierto poder que a veces usa para fines de dominación, manipulación, seducción. Podemos también con ese poder poner todas sus energías al servicio de la comunión, de la vida con los demás en el amor, en la interdependencia, el diálogo mutuo basado en la escuha al otro. Toda persona que se ha encontrado verdaderamente a Jesucristo está llamada por Él a evangelizar su manera de apreciar y valorizar los bienes, el amor y la sexualidad, el poder y la libertad. La vida religiosa propone avenidas especiales para lograr la meta, es lo que llamamos votos.  En la vida religiosa se opta por vivir comunitariamente su bautismo es decir vivir toda su vida con otras personas no escogidas  al entrar en la vida religiosa pero que persiguen la misma meta. Una vida vivida en estrecha comunión en la fe es a la vez enriquecedora  y exigente. Abrirse cada día a otros puntos de vista, a otra manera de contemplar la vida, a otros valores son otras tantas posibilidades de ensanchar su espacio interior. Por otra parte, todos y todas sabemos que esas diferencias entre nosotros a veces nos molestan más que nos maravillan… La apertura a la vida activa la toma de conciencia que el proyecto de Díos sobre nosotros será siempre “congregar en la unidad a los hijos de Dios dispersos” (Jn11,52). La vida religiosa significa también prolongar en comunidad la misión confiada confiada por Cristo a su Iglesia : misión de adoración, de revelación de la bondad misericordiosa de Dios, misión de dar vida, de transmitirla, de transformar el mundo de manera que los hijos e hijas de Dios lo sirvan mejor con el don tanm valioso de la vida. Una vida religiosa es impensable sin no se reza personal y comunitariamente, si no se medita la Palabra de Dios, y si no hay una participación activa a la vida sacramental de la Iglesia. Una vida religiosa apostólica existe sólo  cuando uno se compromete en comunicar la vida que Dios le ofrece a través de un servicio diversificado a los hermanos y hermanas, según el carisma de cada grupo,  respetando la edad, la salud, los talentos de cada cual....

 

Háblame de Dios; lo estoy olvidando... En mis encuentros, muchas personas me repiten esta frase sin plantear claramente la pregunta.

Deseo entonces y a través de mi ofrenda a Dios trato de reactivar la gran bondad que descansa en el corazón de todo ser humano.

Lorraine Caza, CND

Du 2018-05-31 au 2018-08-31

Sin me no pueden hacer nada