Las Noticias

Du 2020-05-03 au 2020-05-23

Bajo su mirada

Es por ello que una mañana, la fuente, el arroyo, el lago y el río recibieron una misma invitación: “Al despuntar el alba del domingo, te espero en mi casa.” firma: tu Padre.

Revestieron entonces sus más bellos colores.

A pesar de la acogida cariñosa del Creador, se percibía un malestar frente al desconocido, a la diferencia del otro.

Animados por Dios a compartir sus vivencias, sus sueños y aun sus miedos y dificultades, se dieron cuenta que en todas partes occurían días de sol y otros de tempestad a veces violenta.

Poco a poco las diferencias, que a primera vista parecían dividirlos e incluso oponerlos, llegaban a ser una fuerza y una riqueza. Este descubrimiento les permitió apreciar mejor su propio color.

Cada uno se maravillaba de la belleza del otro. Juntos se descubrían diferentes pero también muy parecidos.

Sentían nacer un inmenso deseo de comunión. Atentos al más pequeño signo de vida, encontraron en ellos mismos un lugar donde la presencia amorosa de su Padre podía unirlos más allá de sus diferencias.

Más ricos y más grandes por la solidaridad que habían comenzado a construir, disfrutaban del gozo de vivir juntos  “Bajo su mirada en el Amor.”

Entonces Dios se retiró un momento para preparar el acta del encuentro.

En un gesto de amor reunió los colores de sus criaturas:

el amarillo generoso y sabio de la fuente,

el anaranjado alegre y gratuito del arroyo,

el rojo fuerte y valiente del río.

el azul tranquilo y profundo del lago,

Puso también el verde de su esperanza y el índigo de su compartir 

así que el violeta de sus penas y dificultades.

Cuando regresó, extendió los brazos y de sus manos, brotó un magnífico arco iris.

Quedaron asombrados por tanta belleza. Poco a poco cada uno descubrió su color en el arco colorado y comprendió que un solo color no basta para que sea un arco iris.

Lo que crecía en ellos era tan fuerte, tan grande, demasiado grande y fuerte para conservarlo egoistamente como un tesoro. De común acuerdo, Dios y sus criaturas concluyeron una alianza que sería para siempre testimonio del lazo de amor que los unía.

Sabían que en adelante sus aguas no dejarían de cantar la acción de gracias hasta los confines del mundo.

Arriesgándolo todo, tenían que salir y entregar este regalo que era también una misión

“De todas tribus, lenguas, pueblos y naciones”, 

Dios quería reunir a una gran familia en la paz y en le amor.

Du 2020-04-28 au 2020-05-29

HÁBLAME DE DIOS CON TU VIDA

Pero justamente, ¿qué es lo que constituye esta interpelante manera de vivir nuestra peregrinación en la tierra y a qué llamamos vida religiosa? Es una ofrenda total de su vida a Dios, compromiso que bien se podría resumir así : “Me entrego a Dios”. Es pues una profundización del compromiso bautismal. Este radicalismo se traduce en una visión especial en lo referente a los bienes, al amor y especialmente al poder y  a la libertad.

La vida religiosa es una forma de vida donde las personas optan por una vida comunitaria sencilla, usan los bienes en interdependencia y testimonian claramente con su vida que Dios es su tesoro, que los bienes están al servicio del compartir, que viven estrechamente unidos a sus hermanos y hermanas del mundo. Es también una escuela para el aprendizaje al amor. Renunciamos a lo que muchas personas  consideran como la cumbre de la experiencia humana en el amor. Sin embargo, cuando recordamos a ciertas personas que han sabido amar, como por ejemplo Delia Tétreault, las dos Margarita del Canadá, los mártires canadienses, Emilie Gamelin, el buen padre Fredérico, Esther Blondin, el hermano Andrés, nos convencemos de que amar, en el celibato consagrado, no significa amar menos. Dichas personas y muchas otras más que viven con nosotros han manifestado un gran amor a Dios y un gran amor a sus hermanos y eso hasta el final de su vida. Extraña quizás pero es verdad, esa escuela de amor y de compartir de la vida

religiosa permite también un aprendizaje especial de la vida con  toda libertad y  comunión. Todo ser humano detiene un cierto poder que a veces usa para fines de dominación, manipulación, seducción. Podemos también con ese poder poner todas sus energías al servicio de la comunión, de la vida con los demás en el amor, en la interdependencia, el diálogo mutuo basado en la escuha al otro. Toda persona que se ha encontrado verdaderamente a Jesucristo está llamada por Él a evangelizar su manera de apreciar y valorizar los bienes, el amor y la sexualidad, el poder y la libertad. La vida religiosa propone avenidas especiales para lograr la meta, es lo que llamamos votos.  En la vida religiosa se opta por vivir comunitariamente su bautismo es decir vivir toda su vida con otras personas no escogidas  al entrar en la vida religiosa pero que persiguen la misma meta. Una vida vivida en estrecha comunión en la fe es a la vez enriquecedora  y exigente. Abrirse cada día a otros puntos de vista, a otra manera de contemplar la vida, a otros valores son otras tantas posibilidades de ensanchar su espacio interior. Por otra parte, todos y todas sabemos que esas diferencias entre nosotros a veces nos molestan más que nos maravillan… La apertura a la vida activa la toma de conciencia que el proyecto de Díos sobre nosotros será siempre “congregar en la unidad a los hijos de Dios dispersos” (Jn11,52). La vida religiosa significa también prolongar en comunidad la misión confiada confiada por Cristo a su Iglesia : misión de adoración, de revelación de la bondad misericordiosa de Dios, misión de dar vida, de transmitirla, de transformar el mundo de manera que los hijos e hijas de Dios lo sirvan mejor con el don tanm valioso de la vida. Una vida religiosa es impensable sin no se reza personal y comunitariamente, si no se medita la Palabra de Dios, y si no hay una participación activa a la vida sacramental de la Iglesia. Una vida religiosa apostólica existe sólo  cuando uno se compromete en comunicar la vida que Dios le ofrece a través de un servicio diversificado a los hermanos y hermanas, según el carisma de cada grupo,  respetando la edad, la salud, los talentos de cada cual....

Háblame de Dios; lo estoy olvidando... En mis encuentros, muchas personas me repiten esta frase sin plantear claramente la pregunta.

Deseo entonces y a través de mi ofrenda a Dios trato de reactivar la gran bondad que descansa en el corazón de todo ser humano.